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El ojo de la historia


7% del P.I.B. para educación

En un contexto de equilibrios macroeconómicos, tasas de desempleo cercanas a una tasa natural y un lento crecimiento de la población, se percibe al crecimiento de la fuerza laboral como una restricción de oferta para mantener tasas de crecimiento del producto superiores al 6%. Existe acuerdo entre los analistas y a nivel de gobierno en que uno de los grandes desafíos para los próximos años es dar un salto cualitativo en términos de inversión en capital humano y de aumentos de productividad laboral. La consecución de una senda de crecimiento sostenido y sustentable y, por ende, de mayores niveles de desarrollo, requieren de una población más calificada no sólo en términos de conocimiento técnico y científico, sino que también en el desarrollo de habilidades innovadoras y adaptativas.

Para 2006 el porcentaje de pobres en Chile alcanzaba un 13% de la población. Aunque no existe una correlación directa entre pobreza y educación, existe una correlación positiva entre diferencial de ingreso salarial entre trabajadores y diferencial de escolaridad, por lo que la calidad de la educación afecta la distribución del ingreso del país. En una economía de mercado, el principal instrumento para mejorar la distribución del ingreso es el aumento de las oportunidades de acceso a una educación de calidad de los grupos de menores ingresos. Por lo mismo, se percibe la situación de la educación en Chile como tremendamente desventajosa para ciertos segmentos de la población al momento de enfrentar grandes desafíos en términos de productividad.

Aunque la tarea de enfrentar este desafío involucra a todos los actores de la sociedad, el Estado tiene una gran misión por ser responsable directa e indirectamente de la educación mayoritaria de la población. De esta forma, se considera que los modelos educativos que siguen los países como el nuestro requerirían más que duplicar el gasto público en educación (medido como porcentaje del PIB) para alcanzar los niveles de escolaridad y efectividad escolar de los países desarrollados. En Chile actualmente se estima el gasto publico en educación en un 3,8% del PIB mientras que en los países más desarrollados éste se sitúa entre un 5% y 7% (Canadá y los Países Bajos).

Los recursos fiscales que se invierten en educación en los países desarrollados y otros en vías de desarrollo son, en proporción con el tamaño de su economía el doble o más de lo que se invierte en Chile. Los países con mayor efectividad en términos de logro educacional y objetivos de la enseñanza gastan más en educación y sus jornadas son más largas pero a la vez más efectivas. Asimismo, se destina una menor proporción del gasto a gastos corrientes que a gastos en capital y material didáctico.

A la cabeza en Europa están Dinamarca (7,7% como porcentaje del PIB); Suecia (7,2%); y Finlandia (7%).

En otros continentes, pero también en los primeros sitios, se encuentran países como Sudáfrica (7,5%) y Arabia Saudita (7,2%).

Irlanda (5,7%); Libia (5,7%); Francia (5,6%); Australia (5,2%) y Austria (5,0%).

En los países de América Latina, Brasil ocupa el primer lugar (5,2%), seguido por Bolivia (5,0%); Argentina (4,5%); México (4,0%); y Chile (3,8%).

¿Por qué invertir en educación?

El Banco Mundial es uno de los principales defensores del gasto educativo como herramienta para cerrar la brecha entre ricos y pobres en el nivel mundial.

En su informe “Indicadores Mundiales de Desarrollo 2003″, el más reciente elaborado por este gemelo de Bretton Woods, afirma que los países más ricos del planeta (entre los que se encuentran Alemania, Francia, Japón, Gran Bretaña y Suiza), invierten el equivalente a 10 veces de lo que se invierte en América Latina por cada alumno.

De este modo se puede apreciar que en general los países aportan una importante cantidad de sus recursos a este sector, reflejando el espacio prioritario dentro de las prioridades de las sociedades. En promedio, los países de la OCDE gastan 6,1% del PIB en educación.

Siendo que Chile fue invitado a participar en la OCDE todavía no se ve un real interés por la mejora en el financiamiento de este servicio tan básico (por mejora en el financiamiento se entiende que se invierta mas pero también que ese dinero llegue intacto).

Al contrario del proceso vivido durante los ochenta donde el gasto público real se redujo en un 23% real, la reforma de los años noventa ha involucrado una alta inversión fiscal. Desde 1990 el gasto público en educación se ha más que triplicado en términos reales, lo que representa un crecimiento de grandes proporciones aún en una economía en rápido crecimiento como la chilena. Es así como el gasto público pasó de un 2,4% del PIB en 1990 a 3,8% del PIB en 2003.

En el esquema actual de financiamiento, los recursos públicos provienen de dos fuentes: Gobierno Central (a través del Ministerio de Educación (MINEDUC) y el Fondo Nacional de Desarrollo Regional) y los Municipios.

Para el año 2005, el gasto total del Ministerio de Educación representa cerca del 95 por ciento del gasto público total en educación. Por su parte, la enseñanza básica concentra la mayor proporción, con un 50,5 por ciento del gasto total. Luego, un 20,7 por ciento corresponde a educación media. Le siguen a este último nivel, la educación superior con un 14,2 por ciento del gasto y la enseñanza parvularia con 6,7 por ciento. Por otra parte, cultura representa un 1,4 por ciento del gasto y el 6,5 por ciento restante corresponde al gasto en educación especial y de adultos.

Sin embargo, expresados en términos relativos a los alumnos y al Producto Interno Bruto (PIB), el gasto público en educación se mantiene en niveles inferiores a los alcanzados a principios de los años 70, con la sola excepción del nivel primario, donde el gasto público por alumno es hoy día superior al logrado treinta años atrás.

El fuerte incremento del gasto privado en educación ha compensado en parte la reducción del gasto público, pero aún así, los niveles totales de gasto en educación son en la actualidad del orden de 7.5% del PIB, mientras en 1972 el sólo gasto público en educación alcanzaba el 7.1% del PIB.

La necesidad de mantener un elevado ritmo de incremento del gasto público en educación se fundamenta, por una parte, en los niveles actuales del gasto público en educación –del orden de 3.8% del PIB, relativamente bajos en términos históricos– y las implicancias en términos de equidad que significa de mantener un sistema educacional que depende fuertemente del gasto privado.

Expresado como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB), el gasto público en educación representó un 5.1% del PIB en 1970 y alcanzó un máximo de 7.2% del PIB en 1972, para caer a un 2.6% del PIB en 1990 y recuperarse a 2005 del orden del 3.8% del PIB.

El grueso del gasto en educación se destina a los niveles medio, básico, y otros, los que significan 1.97 billones de pesos. De dicha suma, un 67% se destina a los establecimientos municipales y particulares subvencionados, donde estudia el 91.1% del alumnado. El grueso de dicho financiamiento es de origen público.

En el caso de la jornada escolar completa, el costo de las subvenciones se incrementa en un 35% al pasar un establecimiento a dicha modalidad. Por eso se puede observar que mientras que casi la mitad de los recursos que gasta el país en educación se van solo al 10% de la población, recursos que son netamente privados, la otra mitad o un poco mas que ella se va al grueso de la población que alcanza el 90% de ella. Por eso es tan indispensable que esos recursos sean muchos más y se fiscalicen mucho mas para así lleguen directamente e influyan directamente en la calidad de la educación pública.

Como se sabe, el Producto Interno Bruto es la riqueza que una economía es capaz de generar a lo largo de un año en todos y cada uno de sus sectores.

Se puede observar así que una mayor equidad en el sistema educativo influiría directamente en la buena distribución de ese PIB per cápita que es del orden de los $5.800.000 por persona.


PIB: US$ 163.844 millones
-7% PIB: US$ 11.469,08 millones

Nivel actual (3.8% PIB Nominal): US$ 6.226 millones
-Se agregarían más de US$ 5.243 millones

PIB Año 2000: US$ 75.404 millones
Diferencia de 7 años y US$ 88.440 millones


Como se puede ver a través de todas estas estadísticas lo más recomendable para que el país crezca y produzca mucho más y además halla mucha mas equidad en él, es que el sistema público de educación tenga un mejor financiamiento y que se haga efectivo a través de fiscalizaciones intensivas las que permitan evitar el desvío de estos dineros.

Con este financiamiento se podría arreglar la infraestructura de los colegios públicos, así también como invertir en más tecnología, y algo muy importante también seria el aumento de sueldo para los docentes,
-Por lo tanto podemos afirmar que nuestra petición es absolutamente y en cada sentido, válida ya que con un gasto publico en educación del orden del 7% del PIB (que es lo que recomienda la ONU) se mejorarían muchos problemas estructurales del sistema educativo


Fuente: Cain

3 comentarios:

Anónimo dijo...

es difícil leer, cámbiale el fondo de imagen por que te marea

Eneas Marcos dijo...

De cuando es este post.

Eneas Marcos dijo...

En >Argentina se destina el 6,47% del PBI en educacion.